lunes, 25 de abril de 2011

Ramos sí las entiende

Son, sin lugar a dudas, las más deseadas dentro del mundo del fútbol. Cada jugador quiere tener una. Cuantas más mejor. Obviamente estamos hablando de copas, aunque alguno podrá pensar que este deseo también es aplicable a modelos de alta categoría. Pero una vez conseguidas, a nadie le importa lo que ellas quieren. ¿A nadie? A Sergio Ramos, central del Real Madrid, sí.
Es un escándalo, pero hay una persona dispuesta a acabar con esta injusticia que ya se ha prolongando durante demasiado tiempo. Lo demostró el pasado miércoles en la celebración del Real Madrid, después de haberse proclamado campeón de la Copa del Rey contra el Barcelona. Él lucha por la libertad de las copas. Ellas no tienen a nadie que les haga lobby, no tienen voto y ,encima de todo, tienen que aguantar toda clase de fechorías: hombres extraños, a veces hermosos, a veces no tanto las besan, las tiran al aire y una y otra vez son rociadas con champagne. Si por lo menos fuera siempre Moët Chandon...
Pero desde el miércoles ha cambiado todo. Sergio Ramos ha demostrado ser un entendedor de tan bello pero a la vez frágil género. Durante la celebración en el autobús descapotable que trasladaba a los jugadores de Barajas a la fuente de Cibeles, vio cómo sus compañeros no paraban de pegarle tironazos a la copa. A Ramos le invadió esa sensación semejante a la que siente uno cuando ve a un borracho en la barra que no deja de molestar a una bella mujer. Así que hizo lo que su conciencia le exigía: levantó la copa al cielo de Madrid y la dejó caer. "Vuela copa, vuela...". Debió olvidarse de los 20 kilos de peso. Ella, en su viaje hacia la libertad, se pegó de lleno con un muro infranqueable en forma de autobús. Fue atropellada y ahora se encuentra gravemente dañada. Pero son estas las cosas que te convierten en mártir.
Si le hacemos caso a las palabras de su liberador, la copa iba directamente camino a la muchedumbre que la aclamaba con ansiedad. 18 años sin verla es demasiado tiempo.
Se dice que en el Mundial de Inglaterra de 1966 se perdió la copa y que luego fue encontrada por un perro en un parque. Si Sergio Ramos ya hubiera nacido, seguro que la hubiera descubierto mucho antes. Lo que Robert Redford fue para los caballos, este futbolista lo es para las copas de este mundo.

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