Muere un chico de 19 años en Granada tras consumir éxtasis en una fiesta de techno celebrada este 24 de diciembre. Se una así a una larga lista de jóvenes que han perdido la vida por la ingesta de sustancias ilegles.Desde siempre la humanidad ha buscado intoxicarse en busca de sensaciones y experiencias nuevas. Desgraciadamente el consumo de drogas sintéticas se ha convertido en el fenómeno de moda en los ambientes juveniles del siglo XXI. Muchos ya no entienden una buena fiesta sin los efectos placenteros provocados por el éxtasis, el speed, los tripis, el mmda, cristal y una larga lista más. La juventud quiere divertirse a toda costa y en el menor tiempo posible, obviando por supuesto que las mismas sustancias que les impulsan a bailar y relacionarse de forma deliberada, son las mismas que están poniendo a mil por hora su ritmo cardíaco y su presión arterial.
¿Nos extraña todo ésto en una sociedad que como pocas ha banalizado el tema de las drogas como la nuestra? En una sociedad en la que para muchos la raya es el complemento perfecto del café matutino y el porro de las "buenas noches" ha sustituido la tila. ¿Nos extraña todo esto en un país que tiene el dudoso honor de liderar las estadísticas mundiales de consumo de cocaína? Desde luego parece obvio que no debería.
¿Ahora, qué medidas se pueden tomar para luchar contra este fenómeno? Hacerse con un centenar de pastillas parece una tarea tan complicada como quitarle la piruleta a un niño de dos años. Quizás sería buena idea empezar por desmantelar los miles de laboratiorios clandestinos que se encuentran repartidos por toda la geografía española. Laboratorios en los que en el mejor de los casos unos cuantos químicos en paro producen unas sustancias de composición variopinta al más puro estilo de un alquimista persa. O quizás la autoridad debería empezar de una vez por todas a invertir dinero en la prevención. Ir a los institutos, informar sobre los verdaderos peligros y trabajar con los menores desde una edad temprana para que sean conscientes de los verdaderos riesgos que tiene el consumo de estas drogas. De nada sirve multar a un adolescente, consumidor habitual, con 300 euros que luego tienen que pagar sus padres. Va a seguir drogándose, pensando que tomar una pastilla equivale a tomarse un vaso de agua. La labor de formación y educación debe primar sobre la prohibición, y lo debe de hacer desde ya.
Pero mucho me temo que en este país, donde más de un político todavía sale con la nariz empolvada después de una reunón, el panorama no va a cambiar a corto plazo y el consumo de drogas entre los jóvenes seguirá a toda pastilla.

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